Cuento “Los treinta dineros”, de Rosa Wernicke [fragmento]

Rosa Wernicke, Los treinta dineros

Publi Tapa 30 Dineros (1)
“Durante todo el tiempo que duró el viaje por ferrocarril, estuvo acodado en el borde de la ventanilla, mirando sin ver el vertiginoso huir de los sembrados y de los postes que sostenían el alambrado. Perfectamente hubiera podido tomar un pasaje de primera clase, pero, delante de la ventanilla en la que se expendían boletos y, cuando el empleado, lógicamente aguardó su demanda, una fuerza nacida desde el fondo secreto de su conciencia le obligó a vacilar y a correrse a la izquierda. En la ventanilla de la izquierda, con letras pintadas de blanco sobre la madera oscura, se leía: “Segunda Clase”. Sí, tomó un billete de segunda clase porque le pareció que, de haber tomado uno de primera, todos sus ascendientes, cinco generaciones de proletarios, de incorporarse sobre sus tumbas, hubieran tenido pleno derecho de escupirle al rostro y cubrirle de ignominia. Estaba sentado en el duro asiento cuyos listones se le metían en la carne y le ceñían, principalmente, sobre los riñones y en la vértebra media de la espina dorsal.”

(del cuento “Los treinta dineros”)

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