Presentación de la Editorial y el libro “Lo gris en el canto de las hojas”

 

En Eterna Cadencia 11_04_2014

 

 

El viernes 11 de abril de 2014 se presentó en Buenos Aires, en la Librería Eterna Cadencia, la editorial “Baltasara Editora” y su primer libro de la Colección Poesía: Lo gris en el canto de las hojas (Poemas) de Beatriz Vignoli.

El escritor Federico G. Ferroggiaro brindó a los presentes un interesante análisis de la obra, que se transcribe a continuación-

Palabras de Federico G. Ferroggiaro:

“Buenas tardes a todos y gracias por brindarme el honor de permitirme acompañarlos en esta presentación de Baltasara Editora y de este libro que inaugura su colección de Poesía: Lo gris en el canto de las hojas.

Beatriz Vignoli, por su trayectoria y por los libros que lleva publicados, no requiere que nos distraigamos diciendo quién es y qué hace, porque su labor como crítica de arte y literaria, como traductora, y sus textos literarios, tanto narrativos como poéticos, son conocidos tanto en nuestro país como fuera de él. Entonces, podemos sencillamente enfocarnos en este libro, Lo gris en el canto de las hojas y decir que reúne poemas escritos entre el 2010 y el 2013, aunque también otros anteriores, pero todos revisados y reescritos para esta edición. La lectura del prólogo de Beatriz, es esencial si queremos conocer cómo han surgido y el recorrido que han realizado varios de los poemas (…)

Quiero aprovechar esta oportunidad para hacer mención a dos de las reseñas del libro que fueron publicadas en Rosario, y señalar algunos aspectos que los autores de las mismas han destacado. En primer lugar, el artículo de Daniel Gigena subraya las correlaciones que existen entre los poemas y que, si bien estos no han sido escritos con la idea de integrar la misma obra, no hay una mezcla sino una combinación armoniosa y un diálogo fecundo entre los poemas. En segundo término, de la nota firmada por el escritor Marcelo Britos, me interesa cómo él subraya el lugar capital que ocupa la voz, tanto la voz de la autora, como la voz y el tono que el lector le da a los versos, como las voces que son evocadas o que existen a partir de los poemas que hacen hablar a otros. El poema más significativo en este sentido es “Morir, soñar, morir de algo que nombra” donde se le da voz a otro, a Omar Emir Chabán, que un doble movimiento se absuelve y condena por la tragedia de Cromagnon. Seguramente después Beatriz compartirá con nosotros este poema.

Vuelvo al tema de la voz y me permito contar una breve anécdota. Siento que muchos poemas de este libro demandan, nos piden una lectura en voz alta y un público, un alguien que nos escuche recitarlos. Tanto es así que, pocos días después de leer Lo gris… fue mi cumpleaños y, aprovechando que tenía visitas, llevé a un lugar aparte a mi madre y una de mis hermanas, ambas lectoras y amantes de la poesía, y me dediqué a leerles en voz alta, y buscando a veces el tono indicado, mis poemas favoritos de este volumen. Era una urgencia, una liberación, un placer inmenso apropiarme de esas palabras, de esos versos y darles un ritmo, una cadencia, una intensidad que tratara de expresar lo que a mí me transmitían. (…)

Hablé recién de la empatía, de cómo en mi opinión, la poesía, además de ser legible y de jugar con el lenguaje, tiene que contagiarnos una emoción, un sentimiento, un estado de ánimo. Todo esto me sucedió con Lo gris… y me obliga a concluir que es un libro del que no se puede salir indemne, igual que como entramos. Porque nos pone de cara, nos enfrenta con nuestra propia finitud, por ejemplo en “El viento es inocente”; porque nos lleva a pensar que al evocar lo perdido recuperamos lo ausente, lo que ya no está, lo que nos falta, -sucede en “Lo prometido” y “En el hombre de la corbata rosada”, otro poema que da voz a “otro”-; porque, como en César Vallejo, nos dispara preguntas que nos interpelan, que nos obligan a meditar, a seguir rumiando una respuesta –“Refinería”, por ejemplo, y también “Jironadas” y el que da título al libro, “Lo gris en el canto de las hojas”-; porque, también, nos identificamos en sensaciones que nos hablan de nuestro mundo, de nuestras caídas y tropiezos. Nombro, por caso, ese himno del fracasado que es “Telegrama” como también, ese grito de resistencia en “Mexican boxing”: “No seré yo quien caiga”. Ya por la actitud valiente, como porque, al caer, no seré yo sino que me convertiré en otro, caído. (…)

No me gustaría terminar sin decir que siento que Lo gris… se estructura y admite leerse en una clave dialéctica entre términos contrarios: la vitalidad de Eros y la oscuridad de Thanatos, la destrucción del mundo, interior y exterior, y cómo desde las ruinas se puede empezar a construir de nuevo; la pérdida y lo perdido y esa esperanza que significa saber que en la poesía es posible recuperar también lo que nos falta (…)

Estas cuestiones eran las que quería comentarles. Bueno, les agradezco la paciencia, el haber escuchado, y ahora sí vamos a disfrutar de la lectura de los poemas que Beatriz seleccionó para compartir con nosotros. Muchas gracias. Federico G. Ferroggiaro ”

 

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