“Llueve sobre los rieles” de Alejandro Hugolini

PUBLI TAPAS LLUEVE SOBRE LOS RIELES

 

“El Mago hubiera preferido regresar de noche, en un tren que atravesara la oscuridad de la pampa, interrumpida apenas por las luces de algún rancho lejano, por los faroles de una vieja camioneta, por la fantasmal luminiscencia de los animales muertos en los bajíos. Se soñaba acunado por un vagón oscilante, sintiendo el golpeteo rítmico sobre los rieles, cubriéndose a medias del aire húmedo y frío que entraría por la ventanilla, sin embargo abierta. Y con el alba apenas insinuada, vería cómo la luz blanca de la locomotora enciende las copas de los álamos, y escucharía el silbato agudo cortando en dos el aire y anunciando ya llega el Mago, ya trae la lluvia que esperaban. La nave clavaría sus frenos sobre las ruedas del hierro, resoplando y tensándose hasta quedar inmóvil. Entonces oiría el tañido de la campana y bajaría al andén de ladrillos rojos, cargando su pequeña y anticuada valija. Observaría al maquinista y al foguista charlando con el jefe de estación, caminaría unos metros hasta el cartel de hierro y tocaría con la punta de los dedos las letras despintadas para confirmar, como si fuese un ciego, que está otra vez allí, después de treinta años. Y una vez que el tren partiese, cruzaría las vías entre los últimos humos blancos de la locomotora y los primeros vapores de la escarcha derritiéndose. Después sólo le quedaría caminar hasta la plaza y esperar a que el bar abriese sus puertas.

Pero ya no había trenes a Ibarluxea cuando, parado al borde de su vejez, se animó a regresar. Y no era de mañana sino de tarde cuando bajó a la ruta, y los humos soñados, blancuzcos, fueron reemplazados por el oscuro vómito de un motor gasolero. Aparecieron dos perros, que no había previsto en su arribo imaginario, bastante bien alimentados y amigables. Eso lo tranquilizó. Comenzó a caminar hacia el norte, en dirección contraria al pueblo y lo acompañaron como un séquito disciplinado y atento, con las colas en alto y las bocas jadeantes, con el tranco ágil y preciso. Llegaron a un paso a nivel; cien metros más adelante, a la estación abandonada que se escondía tras la grisura de los silos: el cartel con sus letras despintadas todavía estaba allí, a un costado del andén.”

Fragmento de la novela de Alejandro Hugolini: Llueve sobre los rieles. (Baltasara Editora 2014)

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