Presentación del libro de poesías “La curva de Ebbinghaus” de Carolina Musa el 27 de mayo de 2016.

PRESENTACIÓN CARO POESÍA

Un 27 de mayo de 2016 se presentó el libro de poesías La curva de Ebbinghaus de Carolina Musa. El escritor y periodista Osvaldo Aguirre entrevistó a la poeta y narradora en vivo dando origen a un interesante diálogo. El evento finalizó con la lectura de varios poemas del libro de los cuales transcribimos “El legado”.

El legado

Recuento a mis parientes

de éste y el otro lado del mundo

hablando un idioma que apenas balbuceo

leyendo del revés.

Lo hago sin el menor interés mesiánico

como un mecánico de la historia familiar

o un relojero,

bah no sé.

A mi Téte Nadua

la metieron en un barco

a los 16, cruzó tres mares y un océano

para casarse con un desconocido

que le llevaba casi 20 años.

En el puerto de Buenos Aires

mi abuelo José tuvo que subir a bordo

porque ella era menor de edad

y el capitán consagró el matrimonio

sobre el río de la Plata.

Ella bajó casada.

En la versión oficial

mi Téte Nadua

vivió una vida feliz.

Recuento: cuatro hijos, quince nietos, una parra

una ferretería y el marido ejemplar, bah

no sé.

(Atención: abstenerse de juzgar a los muertos

basándose en hechos intervenidos

por otras memorias y/o pistas incompletas

fuera de su contexto)

Mejor entrar por un lugar

éticamente intachable: El tío Tufic

de visita en Orán.

Mi papá nos va presentando

en su árabe chapucero

Veronique suena medio francés

Cárolain inglés

y Ángel no le suena al pariente

sirio, hermanastro menor de la Téte

el tío Tufic no entiende la palabra ángel

las señas ridículas de mi papá

–Avión –dice el tío Tufic y todos

nos reímos mal,

a carcajadas. Mi papá

recupera un poco la compostura

rebusca en su diccionario español-árabe

hasta dar con los garabatos de “ángel”

y el tío no puede creer

que el chico tenga ese nombre

absurdo, bah.

Mi abuelo José era el único inmigrante

de la colectividad sirio libanesa de Orán

que sabía leer y escribir.

Escribía las cartas de toda la colectividad y lo imagino

con su rectitud inventando unas líneas,

bah no sé, una vez, en una reunión familiar,

los primos formamos una fila delante del sillón

y recibimos plata.

Mi abuelo José cruzó medio mundo hasta llegar a Orán.

¿Pasaste por París?

Sí.

¿Pasaste por Río de Janeiro?

Sí.

¿Pasaste por Buenos Aires?

Sí.

¿Pasaste por Córdoba y por Santa Fe?

Sí.

¿Pasaste por Tucumán, por Salta y por Jujuy?

Sí.

¿¡Y porqué te quedaste en este pueblo de mierda!?

(Que yo sepa, la pregunta de ese niño que fue mi tío

nunca tuvo una respuesta)

Nosotros éramos los primos rubios

árabe con vasco francés salimos así, pero

al parecer eso generaba cierto recelo

no nos consideraban muy dignos del legado ancestral

mi hermano pequeño tenía el pelo amarillo

y los ojos azules, como un marciano,

mi mamá había ido a la universidad

y siempre fue una extranjera.

Para muestra baste un botón: la Téte Nadua

no probaba bocado cuando venía a nuestros cumpleaños

cinco veces al año, vivía a cinco cuadras

bah, no sé.

Mi hermana y yo

hicimos un tímido intento de aprender árabe

con la Súsu, que venía del Pago.

Las clases eran en la sociedad sirio libanesa

y los alumnos desparejos, varias señoras

convencidas de la supremacía racial de sus maridos e hijos.

Aprendimos a decir batenyen

que es berenjena

las letras alef be te ce

los números hana, harba, site, tmene, tsá, áchara.

Marhaba por Hola.

Shucran por Gracias.

Hal turid cájua por ¿Querés un café?

y varias estrofas del himno al Líbano

Kuluná lilwatán lila ulá lila alám

aunque los presentes descendíamos de sirios

para el caso era lo mismo, supongo,

y eso fue todo:

a la tercera generación de inmigrantes

de la lengua ancestral sólo nos llegaron los insultos

Yarmuta por puta, tis por culo, jara por mierda

úcha por dejáme de romper las pelotas.

Y las comidas: mélle

kupi, tabuli, baclawa, humus.

60 años después de saludar en el puerto de Damasco

la Téte Nadua volvió a Mohardi

por única vez en su vida.
Una parte de los preparativos fue reunir a la familia

para filmar un video que ella llevaría a los parientes.

Supongo que los adultos querían mostrar cierta abundancia

querían que los niños nos viéramos felices y sanos.

Yo habré tenido 13 años

mirábamos la cámara sin saber qué decir

“ríanse” ordenaba el camarógrafo

“dale un beso al abuelo” y yo lo hacía

“parezcan naturales” la instrucción paradójica esquizoide.

Al domingo siguiente nos reunimos a ver las imágenes:

mis tías eran dos tótems de la isla de Pascua

y al abuelo Dardo se le caían los dientes.

Cuando la Téte volvió

dijo que uno de los sobrinos quiso casarse conmigo

con sólo verme en la pantalla…

A todos les pareció muy cómico, a mí

me pasó el filo de un cuchillo por la espalda

vendida vuelta al pago cosechemos patatas

forniquemos para procrear qué horror

bah no sé, eso ya es presunción,

qué diablos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s