Sermón del tiempo de Santiago Hernández Aparicio.

“Un poemario que, como atendiendo a su título, se ocupa en indicarnos debajo de él que su génesis ha ocupado un quinquenio (2010-2015) y, más precisamente, desde el séptimo mes al séptimo mes de los años respectivos («Septiembre de…»), según el calendario romano […]un poemario que no se limita a ubicarnos (y ubicarse) según una cierta coordenada temporal, sino que también lo hace acotando, delimitando un ámbito geográfico e histórico particular: ese ámbito no es un mero paisaje: es lugar prístino, origen (Ur-sprung), claustro materno, terruño: la Salta natal, que la poesía irá impregnando de los rasgos peculiarmente metafísicos del noroeste argentino …”

Héctor A. Piccoli

“[…] de tener este libro – soñemos- un estado de naturaleza, probablemente mimaría un trayecto vital: lo familiar, la casa, el vientre; el ascenso paradojal de la formación, la fascinación, las definiciones; la llaneza ambigua del ahora. Pero no lo olviden, háganle menos caso a las alegorizaciones del anotador al pie que a la espontaneidad del anotador de la experiencia. O quizás, si quieren, al revés.”

El autor

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“Las polacas” de Patricia Suárez. 2a. edición.

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Las polacas  de Patricia Suárez se publicó por primera vez en el año 2002 bajo el sello editorial “Teatro Vivo”. Esta segunda edición incluye la obra “Desván” en la trilogía original, reproduce el prólogo de la primera edición escrito por Mauricio Kartun e incorpora otro prólogo, “La prostitución en Rosario 1874 -1932” de la historiadora e investigadora Dra. María Luisa Múgica, le aporta un contexto histórico a las piezas teatrales.

Se transcribe la contratapa del libro:

“Aunque sigue siendo un tema candente hoy día, la historia de la trata de blancas en Argentina tiene poco más de cien años.

En 1906 se creó en Buenos Aires la Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia dedicada al negocio de la prostitución e integrada en su mayoría por judíos polacos. La Varsovia cambió su nombre por el de Zwi Midgal cuando las entidades judías la denunciaron, puesto que reprobaban la actividad desarrollada por la organización.

La red armada por la Zwi Migdal se iniciaba con la llegada a aldeas de Polonia del “novio” en busca de una prometida para contraer matrimonio. Las “casamenteras” entregaban adolescentes pobres y vírgenes, cuya familia esperaba paliar su precaria situación económica con el cobro de la “dote” del ventajoso matrimonio de la hija. Muchas venían engañadas y muchas aceptaban a sabiendas que ejercerían la prostitución en un país extraño, a cambio de sobrevivir a los progroms rusos y a la dura existencia en Polonia y en toda la Europa del este.  La boda (falsa) se realizaba al llegar a Buenos Aires en la Sinagoga que la Zwi Migdal tenía en la ciudad. Días después la recién casada comenzaba a trabajar en un prostíbulo.

Se estima que el número de víctimas rondó los 3.000, casi todas en burdeles de Rosario y Buenos Aires. En Rosario la prostitución habilitaba los 18 años como edad mínima para ejercer el oficio en comparación con Buenos Aires que fijaba esa edad en 22 años, lo cual benefició a los tratantes.

La denuncia de Raquel Liberman, que ejercía el oficio en un prostíbulo de Valentín Alsina provocó la caída del floreciente negocio, hacia comienzos de la década del ´30.

Sobre la historia real, Patricia Suárez construye con delicadeza y humor tres piezas sobre diferentes momentos de la trata de blancas. En Casamentera (La señora Golde): la negociación entre el “importador” y la casamentera; La Varsovia: el barco que vuelve a Argentina transportando a la nueva “esposa” del rufián y Desván: el día imaginario en que Carlos Gardel visitó un burdel rosarino para alegría y gloria de las polaquitas esclavas que esperan solazarse con su visita.

Desde su estreno en 2002, estas obras recorrieron toda la Argentina, América latina y Estados Unidos, y en la ciudad de Washington tuvieron su versión musical en 2014. Actualmente son piezas de estudio en las academias de actuación y siguen representándose continuamente”.

 

 

“La tierra firme” de Matías Aimino.

     Lo primero que llama la atención al comenzar a leer La tierra firme es la limpidez del lenguaje, luego atrae el tono de esa voz que parece ser cómplice de nuestros ojos lectores, y enseguida se percibe la sólida construcción de un universo del que es difícil salir. Ya en un libro anterior, Archivos de Altazar, Aimino había trazado con notable solvencia los márgenes de esta clase de universos. Algo tienen estas dos novelas en común, lo que sin duda habla de la edificación de un estilo y el hallazgo de una voz personal, y tal vez también de la capacidad de envolvernos con el entramado de una historia que nos hace partícipes de este sugestivo modo de narrar. La seducción del lenguaje se apoya en el despojamiento y la palabra justa, un lenguaje que juega discretamente empleando anacronismos que nos ligan al tiempo en el que se desarrolla la historia, en la que no faltan barcos, hombres de mar y otros personajes de envergadura, milagros inesperados, transgresiones al orden social, abolengos y un final donde la tortura inquisitorial bucea con talento en la condición humana llevándonos casi al nivel del estremecimiento.

     En esta novela ambientada en el siglo XVI, con tramos de intenso lirismo que sin embargo no le restan efectividad al devenir de los hechos, donde puede rastrearse la tradición literaria de Libertad Demitrópulos y Antonio Di Benedetto, los personajes de Juanfuegos Uztáriz , su hijo Hernando de la Sienra, escribano y poeta, y finalmente su nieto de sangre india: Kebayaikin, van sosteniendo sucesivamente una trama tensa, con economía de recursos, en la que se destaca una cuidadosa reconstrucción de época. Sin embargo, por la revalorización de vocablos, modismos y arcaicos usos gramaticales, el registro de tres idiomas diferentes: latín, español y abipón, quizá no sería desacertado afirmar que es el lenguaje el hilo fundamental de la historia donde el valor de la palabra sella con peso propio una cultura que apenas trazó sus primeras marcas sobre la naturaleza.

Irma Verolín

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“Par de seis” de Federico Ferroggiaro.

Reunir en un libro un conjunto a primera vista heterogéneo de relatos es proponer un viaje a la deriva, sin mapas ni brújulas, que no siempre conduce a un puerto conocido. Sin embargo, las obsesiones, los temas y las búsquedas recurrentes fuerzan el armado de series tentativas para orientar el derrotero. Por eso, y en un afán matemático y de equilibrio, deseos por lo general inasibles, Par de seis acopla dos grupos de ficciones bajo los subtítulos: “Lo sólido desvanecido” y “Fragmentos del discurso amoroso”, en un gesto que tiene pretensiones de homenaje. Como sea, y sin voluntad de ser exhaustivo, en los doce cuentos que siguen conviven escritores desconcertados, mujeres polimorfas, imaginerías ucrónicas, proyecciones discursivas y un adolescente asesino. Todos pueden ser amarras de un instante placentero.

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“Biografía de Rosario – El mito Francisco de Godoy” de Fausto Hernández.

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Escribe Osvaldo Aguirre en la contratapa del libro:

“A fines de la década de 1930, Fausto Hernández ya se había consagrado como uno de los escritores más importantes de Rosario. Poeta, dramaturgo y periodista, tenía una activa participación en la vida cultural de la ciudad y entre otras intervenciones públicas había promovido la publicación de revistas de vanguardia. La edición de su segundo libro de poemas, Pampa (1938), significó un reconocimiento que se manifestó en homenajes y reseñas. En ese marco comenzó a escribir su libro más extraño y polémico, Biografía de Rosario. Precedido por notas escritas, primero en colaboración y luego en forma personal, en el diario La Capital, el libro retomó y profundizó la crónica de Pedro Tuella respecto a los orígenes de Rosario. La controvertida versión provocará una áspera polémica con los historiadores y será motivo casi veinte años después de la aparición de un desafiante apéndice, El mito Francisco de Godoy”.

 

“El cajón de las manzanas podridas” de Paula Irupé Salmoiraghi.

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Escribe en contratapa el poeta Pablo Serr:

El cajón de las manzanas podridas es el libro de los poemas que ningún lector cómodo quisiera encontrarse nunca. En la poesía de Paula Irupé Salmoiraghi no hay lugar para conveniencias ni reparos, cada palabra (buena o mala) está obligada a entablar batalla, desafiante y certera, contra las feroces voces de los otros, siempre presentes. El conjunto de los textos demarca, así, un territorio de sólidas inestabilidades, desde el cual alcanza su propio “podrido equilibrio”: Como si la tabla donde piso/ se apoyara en el agua/ y mi cuerpo fuera un caramelo/ que con la lengua/ llevás y traés. Se trata de una escritura que, fiel a sí misma, reniega de la forma pero no la elude, por el contrario, a fuerza de armonías y serenidades crispadas logra hallar cada vez el modo de decir, sin tachaduras, sin rechazos cobardes, lo que es urgente aunque no se deba: Bueno,/ ya saben:/ Mi marido es negro/ y estos poemas/ son terapéuticos.

“García Lorca, el duende en Rosario” de Daniel Feliu.

Fue poco más de un día, pero quedó inscripto para siempre en el pasado cultural de Rosario. El 22 de diciembre de 1933, precedido por la repercusión del estreno local de Bodas de sangre, Federico García Lorca llegó a la ciudad para pronunciar la conferencia Juego y teoría del duende, compuesta poco antes, en el Teatro Colón. El episodio perduró en crónicas periodísticas y en las memorias de los testigos y es retomado por Daniel Feliu en una exhaustiva investigación, que se propuso “sacar el velo a aquel pasado” y descubrir las circunstancias de la visita del poeta y los personajes que lo rodearon. La figura del poeta moderno en la ciudad del cereal se revela, por un lado, como el protagonista de una trama en la que intervienen empresarios, actores y periodistas rosarinos y, por otro, recupera parte de su propia historia familiar, una de las razones secretas de su viaje.

A través de la prensa de la época, de testimonios orales y escritos y de documentos inéditos, Daniel Feliu logra una reconstrucción minuciosa que ilumina un episodio desconocido y fascinante en la vida de García Lorca, y en la historia de la ciudad que lo recibió en un día extraordinario.

Osvaldo Aguirre

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