“La huésped” novela de Florencia del Campo.

La protagonista de esta historia es una huésped pero sin “casa” para alojarse. Es huésped de un no-lugar. Una mujer que se interroga y busca una identidad, un sitio, un “alojamiento” donde hospedarse, porque no encaja, a pesar de los casilleros que ella sabe que le han sido adjudicados; “sencillamente” no encaja.  Como diría Julia Kristeva, somos “extranjeros para nosotros mismos”.

Toda la novela, bajo la forma de una pregunta no explícita hasta el final, y un desarraigo, una búsqueda o un intento de, es la descripción de una extranjeridad, que no solo es femenina (aunque eso la acrecienta) sino constitutiva de nuestra humanidad. La lucha por construirse, por hacerse un lugar en medio de una lengua extranjera, en medio del extrañamiento, es la lucha de esta mujer por hospedarse a sí misma en sí misma. Pero lo ajeno sale del propio cuerpo (nunca propio, siempre de otro), como lo más íntimo y lo más irreconocible al mismo tiempo. Es la extimidad absoluta.

 

“Una novela de prosa descarnada acerca del centauro de carne y palabra que somos, y de la construcción de la identidad que, como una soga, anuda los dos extremos”.

Valeria Correa Fiz

 

“Contar el desarraigo, la pérdida del idioma, las distorsiones que produce en el propio cuerpo y en la vida de pareja. La huésped de Florencia del Campo, habla de estas nuevas realidades con voz potente y original. Un libro conmovedor, imprescindible”.

Clara Obligado

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“Sópola temprar” de Fabián O. Iriarte.

      En Sópola temprar, Fabián O. Iriarte “templa” su erudición con astucia. Más allá de las versiones, las relecturas, los rescates y los diálogos establecidos con otros textos, el libro no pretende ser críptico. En este caso, confundir erudición con hermetismo es una falacia: la escritura consiste en desplegar temas y materiales sobre la mesa de trabajo para luego darles un orden, un sentido. La lectura avanza, por momentos, entre hierbas flamígeras de prado y otras veces, a tientas, en habitaciones a oscuras. Pero todo está ahí.

      Al leer este libro –y su obra anterior– da la sensación de que la propuesta del poeta tiene por fin la invención de una lengua. No abundan, sin embargo, ni los barroquismos ni los juegos retóricos. Es difícil de enunciar, pero es seguro que (como esas flechas que van contra la corriente o como el niño más antiguo) Iriarte evoca una palabra que existió o existirá. En sus poemas “todo comienza nuevamente”.                                                                                                                                                                                                        Carlos Fratini

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“Cosas que no existen más” novela de Sofía Castaño.

Por el país de la infancia transitan los monstruos. También las hadas, y los bosques encantados, pero sobre todo los monstruos, animales de aliento hediondo y colmillos afilados como el que acecha a Marina. La tía Eugenia, quien la acoge junto a sus dos hermanos tras la muerte de su madre, está cubierta de cicatrices que solo son visibles a través del reflejo del televisor, y la protagonista también tiene heridas que los demás no ven pero que son ciertas, porque duelen. Marina es mayor que sus dos hermanos y cuenta con la madurez necesaria para dudar de sus fantasías, pero ¿cómo es posible que deje marca aquello que solo imaginamos?

Cosas que no existen más nos brinda una elocuente reflexión sobre el duelo y la pérdida a través de un entramado narrativo en el que la realidad se vuelve tan porosa a lo fantástico que los límites se difuminan. Página a página, avanzamos hacia una disolución total de las barreras que nos separan del mundo donde habitan los monstruos, pero dicha disolución no implica necesariamente un trauma. De hecho, podría ser la clave para superarlo.

Aixa de la Cruz

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“Rosario, ciudad ocupada” crónicas de Pablo Ernesto Suárez

Como una aparición, el cronista recorre la ciudad. Poco importa si su mirada está subrayada por el yo, o escondida en el relato en tercera persona. Es el cronista el que mira, el que elige dónde iluminar y qué dejar en penumbras. Él encuentra un trazo comunitario en un barrio reciente, donde las mujeres se las ingenian para enredarse, aún cuando el trazado urbano las expulse al aislamiento. Es también él quien se deja llevar por los acordes del tango en la milonga, el que se sumerge en la historia de los desbordes del Ludueña y reactualiza aquel viejo graffitti de los 80: “Me voy a vivir a Empalme Graneros. Firmado: Aquaman”. Es también el que ronda con las eternas Madres de la Plaza 25 de Mayo en su incesante ejercicio de traer el pasado al presente. ¿Cuánto dura la memoria? se pregunta Pablo Suárez justamente en ese relato. Una respuesta posible es que permanece mientras haya alguien dispuesta a hacer foco, a hacer vivir un acontecimiento en sus palabras, que mantendrá su vigencia en tanto haya quien pueda encontrar cómo decirla. Eso es exactamente lo que hace Pablo Suárez en estas crónicas que colorean de otra manera la cotidianidad de una ciudad que es la de quienes la habitan, sí, pero es también la que él descubrió.

Sonia Tessa

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Sermón del tiempo de Santiago Hernández Aparicio.

“Un poemario que, como atendiendo a su título, se ocupa en indicarnos debajo de él que su génesis ha ocupado un quinquenio (2010-2015) y, más precisamente, desde el séptimo mes al séptimo mes de los años respectivos («Septiembre de…»), según el calendario romano […]un poemario que no se limita a ubicarnos (y ubicarse) según una cierta coordenada temporal, sino que también lo hace acotando, delimitando un ámbito geográfico e histórico particular: ese ámbito no es un mero paisaje: es lugar prístino, origen (Ur-sprung), claustro materno, terruño: la Salta natal, que la poesía irá impregnando de los rasgos peculiarmente metafísicos del noroeste argentino …”

Héctor A. Piccoli

“[…] de tener este libro – soñemos- un estado de naturaleza, probablemente mimaría un trayecto vital: lo familiar, la casa, el vientre; el ascenso paradojal de la formación, la fascinación, las definiciones; la llaneza ambigua del ahora. Pero no lo olviden, háganle menos caso a las alegorizaciones del anotador al pie que a la espontaneidad del anotador de la experiencia. O quizás, si quieren, al revés.”

El autor

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“Las polacas” de Patricia Suárez. 2a. edición.

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Las polacas  de Patricia Suárez se publicó por primera vez en el año 2002 bajo el sello editorial “Teatro Vivo”. Esta segunda edición incluye la obra “Desván” en la trilogía original, reproduce el prólogo de la primera edición escrito por Mauricio Kartun e incorpora otro prólogo, “La prostitución en Rosario 1874 -1932” de la historiadora e investigadora Dra. María Luisa Múgica, le aporta un contexto histórico a las piezas teatrales.

Se transcribe la contratapa del libro:

“Aunque sigue siendo un tema candente hoy día, la historia de la trata de blancas en Argentina tiene poco más de cien años.

En 1906 se creó en Buenos Aires la Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia dedicada al negocio de la prostitución e integrada en su mayoría por judíos polacos. La Varsovia cambió su nombre por el de Zwi Midgal cuando las entidades judías la denunciaron, puesto que reprobaban la actividad desarrollada por la organización.

La red armada por la Zwi Migdal se iniciaba con la llegada a aldeas de Polonia del “novio” en busca de una prometida para contraer matrimonio. Las “casamenteras” entregaban adolescentes pobres y vírgenes, cuya familia esperaba paliar su precaria situación económica con el cobro de la “dote” del ventajoso matrimonio de la hija. Muchas venían engañadas y muchas aceptaban a sabiendas que ejercerían la prostitución en un país extraño, a cambio de sobrevivir a los progroms rusos y a la dura existencia en Polonia y en toda la Europa del este.  La boda (falsa) se realizaba al llegar a Buenos Aires en la Sinagoga que la Zwi Migdal tenía en la ciudad. Días después la recién casada comenzaba a trabajar en un prostíbulo.

Se estima que el número de víctimas rondó los 3.000, casi todas en burdeles de Rosario y Buenos Aires. En Rosario la prostitución habilitaba los 18 años como edad mínima para ejercer el oficio en comparación con Buenos Aires que fijaba esa edad en 22 años, lo cual benefició a los tratantes.

La denuncia de Raquel Liberman, que ejercía el oficio en un prostíbulo de Valentín Alsina provocó la caída del floreciente negocio, hacia comienzos de la década del ´30.

Sobre la historia real, Patricia Suárez construye con delicadeza y humor tres piezas sobre diferentes momentos de la trata de blancas. En Casamentera (La señora Golde): la negociación entre el “importador” y la casamentera; La Varsovia: el barco que vuelve a Argentina transportando a la nueva “esposa” del rufián y Desván: el día imaginario en que Carlos Gardel visitó un burdel rosarino para alegría y gloria de las polaquitas esclavas que esperan solazarse con su visita.

Desde su estreno en 2002, estas obras recorrieron toda la Argentina, América latina y Estados Unidos, y en la ciudad de Washington tuvieron su versión musical en 2014. Actualmente son piezas de estudio en las academias de actuación y siguen representándose continuamente”.

 

 

“La tierra firme” de Matías Aimino.

     Lo primero que llama la atención al comenzar a leer La tierra firme es la limpidez del lenguaje, luego atrae el tono de esa voz que parece ser cómplice de nuestros ojos lectores, y enseguida se percibe la sólida construcción de un universo del que es difícil salir. Ya en un libro anterior, Archivos de Altazar, Aimino había trazado con notable solvencia los márgenes de esta clase de universos. Algo tienen estas dos novelas en común, lo que sin duda habla de la edificación de un estilo y el hallazgo de una voz personal, y tal vez también de la capacidad de envolvernos con el entramado de una historia que nos hace partícipes de este sugestivo modo de narrar. La seducción del lenguaje se apoya en el despojamiento y la palabra justa, un lenguaje que juega discretamente empleando anacronismos que nos ligan al tiempo en el que se desarrolla la historia, en la que no faltan barcos, hombres de mar y otros personajes de envergadura, milagros inesperados, transgresiones al orden social, abolengos y un final donde la tortura inquisitorial bucea con talento en la condición humana llevándonos casi al nivel del estremecimiento.

     En esta novela ambientada en el siglo XVI, con tramos de intenso lirismo que sin embargo no le restan efectividad al devenir de los hechos, donde puede rastrearse la tradición literaria de Libertad Demitrópulos y Antonio Di Benedetto, los personajes de Juanfuegos Uztáriz , su hijo Hernando de la Sienra, escribano y poeta, y finalmente su nieto de sangre india: Kebayaikin, van sosteniendo sucesivamente una trama tensa, con economía de recursos, en la que se destaca una cuidadosa reconstrucción de época. Sin embargo, por la revalorización de vocablos, modismos y arcaicos usos gramaticales, el registro de tres idiomas diferentes: latín, español y abipón, quizá no sería desacertado afirmar que es el lenguaje el hilo fundamental de la historia donde el valor de la palabra sella con peso propio una cultura que apenas trazó sus primeras marcas sobre la naturaleza.

Irma Verolín

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