“Biografía de Rosario – El mito Francisco de Godoy” de Fausto Hernández.

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Escribe Osvaldo Aguirre en la contratapa del libro:

“A fines de la década de 1930, Fausto Hernández ya se había consagrado como uno de los escritores más importantes de Rosario. Poeta, dramaturgo y periodista, tenía una activa participación en la vida cultural de la ciudad y entre otras intervenciones públicas había promovido la publicación de revistas de vanguardia. La edición de su segundo libro de poemas, Pampa (1938), significó un reconocimiento que se manifestó en homenajes y reseñas. En ese marco comenzó a escribir su libro más extraño y polémico, Biografía de Rosario. Precedido por notas escritas, primero en colaboración y luego en forma personal, en el diario La Capital, el libro retomó y profundizó la crónica de Pedro Tuella respecto a los orígenes de Rosario. La controvertida versión provocará una áspera polémica con los historiadores y será motivo casi veinte años después de la aparición de un desafiante apéndice, El mito Francisco de Godoy”.

 

Yacú-Toro (fragmento)

Obra de Fausto Hernández escrita en colaboración con Elías Díaz Molano, que integra el nuevo libro de la Colección Patrimonio de Baltasara Editora: “Teatro. Obra reunida de Fausto Hernández”.

 

DOÑA JULIA. – Y siempre anda solo.

JOSÉ. – Antes era distinto. Tenía amigos, me gustaban los bailes, andaba por los campos sin dispararle a las personas. Muy andariego juí, doña Julia, y con amoríos en todas partes.

DOÑA JULIA. – ¡Caramba José!

JOSÉ. – Muy andariego, sí, y áhura me quedo quieto y como escondido, como ustedes dicen.

DOÑA JULIA. – Se andará ocultando ‘e la polecía, seguro. De aquí no se v’a saber nada.

JOSÉ. – ¿Qué puede importarle a usté de mi vida? La vida queda, a veces, muy detrás nuestro y si no juera por mis obligaciones, olvidaría todo, pero no puedo olvidar.

DOÑA JULIA. – ¿Qué obligaciones? Aquí no tiene ninguna y por áhi tampoco, que yo sepa.

JOSÉ. – ¿Obligaciones he dicho? Quizás no sea eso. Será el deseo ‘e vivir, el de vivir como yo quiero, como soy.

DOÑA JULIA. – Hace tiempo que Lorenzo lo trajo aquí. Usté no trabaja, ni busca empleo. Vive y no vive con nosotros. A veces, sale a la mañana y no güelve hasta la noche o al otro día. Otras, desaparece o se esconde y naide lo ve.

JOSÉ. – Como el yacú-toro.

DOÑA JULIA. – Dispense que se lo pregunte. ¿Qué es de su vida?

JOSÉ. – Quieto y sin querer tener nada con naide. No se preocupe porque estoy bien.

DOÑA JULIA. – Sí, bien, pero sería mejor que trabajase. Áhi, en la costa, necesitaban algunos trabajadores el otro día.

Tapa de la 1ra. edición de Yacú-Toro, por Librería y Editorial Castellví (Santa Fe)

Tapa de la 1ra. edición de Yacú-Toro, por Librería y Editorial Castellví (Santa Fe)

Elías Díaz Molano Co-autor de Yacú Toro.

(Cáceres, España, 1904 -Rosario, Argentina, 1990)

Ingeniero Químico Industrial,  profesor, periodista, historiador y escritor. Desempeñó la docencia en la ciudad de Rosario en los actuales Instituto Politécnico Superior y Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la UNR, y en la EET Nº471. Fue rector del Instituto Dante Alighieri de Rosario y decano de  la Facultad de Ingeniería de la UNER en Paraná. 

Colaboró en los diarios Santa Fe y El Litoral de Santa Fe y Democracia, Tribuna y La Capital de Rosario. Integró la Sociedad de Historia de Rosario. y la Junta Provincial de Estudios Históricos y el Centro de Estudios Hispanoamericanos de Santa Fe.

Entre sus obras publicadas destacan: Nicasio Oroño, Colonizador (1948), La industria química en Santa Fe (1952), Vida y Obra de Pedro De Angelis (1968), Italia: un soñado país (1965).

Picoverde, de Fausto Hernández (fragmento)

Fragmento de la obra “Picoverde” que integra el nuevo título de la Colección Patrimonio de Baltasara Editora: “Teatro. Obra reunida” de Fausto Hernández

Tapa de la 1ra. edición de la obra "Picoverde" de Fausto Hernández, realizada por Leónidas Gambartes para Editorial Rosario S.A.

Tapa de la 1ra. edición de la obra “Picoverde” de Fausto Hernández, realizada por Leónidas Gambartes para Editorial Rosario S.A.

ACTO PRIMERO

(Picoverde, hincado, apoyado contra un árbol, y Rosanueva, junto a un rosal).

PICOVERDE. – La lluvia ha cesado y veo

que va a amanecer la tierra

con sus caminos más solos

y más quieta su arboleda.

Ya se han abierto mis ojos

y tengo la misma pena

y siento con fuerza igual

mi amor por aquella estrella.

Abandonado en el bosque,

nada, nada me consuela.

(Se levanta) Siento humedad… Es rocío.

¿Estás ahí, Rosanueva?

ROSANUEVA. – Aquí estoy siempre. He dormido

en este tallo de seda.

Durante la noche estuve,

algún instante, despierta.

Te he visto, en todo momento,

solo en la sombra secreta

de ese árbol que es el más alto;

quieto como si durmieras,

triste como si soñaras…

PICOVERDE. – Soy el pájaro que sueña.

ROSANUEVA. – Te he visto volar, con gracia,

entre la brisa serena;

te he oído cantar, con gloria,

posado sobre la piedra;

y te he sentido latir

en el miedo de la selva.

Ahora te veo, sin gracia,

quieto en la sombra secreta;

te oigo lamentar, sin pausa,

arrastrándote en la tierra;

y ya siento tus latidos

como si apenas vivieras.

PICOVERDE. – Es que casi muerto vivo,

herido por mi tristeza.

ROSANUEVA. – ¿Es que amas, acaso?

PICOVERDE. -Amo

a la más hermosa estrella

que luce sobre los prados

verdes de la Primavera.

ROSANUEVA. – ¡Triste ocurrencia!… ¿No sabes

que, según dicen las viejas,

ese astro que arriba luce

no es para el que vive en tierra

sino para el que ya ha muerto

y tenga el alma ligera?

PICOVERDE. – Nada sé sino que sueño

como sueñan los que esperan.

El inventor del saludo, de Fausto Hernández

Publicada originariamente por el Sello “Librería y Editorial Ruiz” en 1955, la obra de Fausto Hernández “El inventor del saludo” integra el nuevo libro de la Colección Patrimonio de Baltasara Editora: Teatro – Obra reunida de Fausto Hernández, que recopila además las obras “Picoverde” y “Yacú-Toro”, escrita ésta última en colaboración con Elías Díaz Molano.

ACTO I (fragmento) 

CHARLOT. –No hablemos del bien ni del mal, pero te diré que yo, cuando doy los “buenos días” a las personas, es porque deseo claramente su bienestar. Mi saludo es generoso, sincero e idealmente fuerte, pero he llegado a creer, con mis razones, que el saludo de los otros es una frase mecánica que no expresa el buen deseo ni la disposición a cumplirlo. ¿No lo has notado? Se dice “buen día” y nada se hace para que sea realidad.

GRETA. –Nunca te he oído hablar así, tan decepcionado.

CHARLOT. –Casi nada se hace para cumplir el saludo; ni con bien, ni con solidaridad, ni con justicia. Casi nadie hace algo, especialmente aquéllos que lo pueden. Quizás sea así porque la vida es lucha entre todos o de uno contra los otros.

GRETA. –No lo es tanto como crees.

CHARLOT. –Se dice “buen día”, pero en cuanto media el egoísmo o cualquier razón personal, se ejecuta el mal en todas sus formas, leves o perversas, con palabras y actos que conspiran contra los demás, pero que nos favorecen. En todo el mundo oirás la misma frase sacramental (con ademanes amplios y voz sarcástica): “buen día”, “bon jour”, “buon giorno”, “good morning”, “güten Tag”, “o jayó”… defraudada luego por los hechos. Y así como se dice “paz”, pero se prepara la guerra, así las gentes se dan el “buen día”, pero hacen muy poco para tenerlo.

GRETA. –Hablas como si los hombres fuesen enemigos tuyos.

CHARLOT. –Será porque me he apasionado. Será porque quiero afirmarme en el propósito de huir.INVENTOR 200001