Presentación del libro “La mala fe y otras obras” de Leonel Giacometto.

El jueves 28 de abril se presentó en Mal de Archivo de la ciudad de Rosario, el libro La mala fe y otras obras de Leonel Giacometto. Abrió la presentación la editora Liliana Ruiz quien explicó la decisión que llevó a la publicación de la obra y presentó a los otros panelistas. A continuación tuvo lugar una original entrevista en vivo realizada al autor por la docente e investigadora teatral , Profesora en letras por la UNR, Clide Tello. Cerró la primera parte de la presentación el director y dramaturgo Juan Hessel.  Al cierre Claudia Schujman y  Lara Todeschini leyeron, junto al autor, fragmentos de “Arritmia” y “Todos lo judíos fuera de Europa” las otras dos obras que integran el libro.

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Presentación del libro “Sangre de carnaval y otras obras” de María Rosa Pfeiffer en Humboldt.

Con la asistencia de numeroso público se realizó, el domingo 3 de abril, en la Sala Tiro Federal de Humboldt, la última función en la citada localidad de la obra “Sangre de carnaval” a cargo del Grupo de los Diez y la presentación del libro “Sangre de carnaval y otras obras” de la dramaturga, actriz y directora María Rosa Pfeiffer.

La autora estuvo acompañada de la directora de Baltasara Editora quien destacó la calidad de las obras escritas y explicó el proceso de selección de las cuatro que se reunieron en el libro. En coincidencia con lo escrito en la contratapa por Olga Cosentino, expresó que no solo “Sangre de carnaval” era lorquiana sino también las otras obras: “Pecas”, “Cómo papel de seda” y “La luna y el pozo”. El mundo femenino, los amores imposibles o frustrados aparecen en Pfeiffer en un tono poético que recuerda al de las obras de Federico García Lorca.

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Presentación en la ciudad de Rosario del libro “Cotidiano” de Mariana Travacio.

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El viernes 18 de diciembre de 2015 se presentó en la librería Mal de Archivo el libro de cuentos Cotidiano de Mariana Travacio. La presentación dió comienzo con las palabras de la editora, Liliana Ruiz, quien explicó las razones por las cuales la obra resultó ganadora en la Convocatoria Editorial 2015 – Cuento de Baltasara Editora. A continuación, la poeta y escritora Carolina Musa analizó la obra  en su conjunto y luego algunos cuentos en particular destacando la calidad de la escritura de Travacio. La presentación finalizó con las emocionadas palabras de la autora quien recordó sus visitas, cuando era una niña, a la ciudad que la vio nacer.

Palabras del poeta Pablo Serr en la presentación del libro “El otoño circular” de Tomás Sufotinsky.

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Notas a El otoño circular, de Tomás Sufotinsky

Lo que sigue es resultado de un ejercicio de lectura no invasiva. Dejándome llevar por la multitud de destellos que provocan los versos de El otoño circular, me encontré de pronto sumergido en un universo en el que los objetos se licuaban, como dice su autor, ante una mirada lúcida, una mirada literalmente sin pensamientos, a esa hora en que la luz deja ver de sí, fosforesciendo, los fantasmas que la habitan. El mundo, parece querer mostrarnos la poesía de Tomás, es una transparencia alucinada, y en ver eso, en poder verlo sin pensarlo (hacerlo austeramente legible), radica la auténtica experiencia del poema. El otoño circular es, pues, esa brecha invisible por la que se cuela el instante en que al fin todo sucede, todo a la vez y por todas partes, anunciando la presencia última de lo que hay: son las brasas que quedan de un mundo todavía por venir. Nada más contundente que estos versos:

[Nocturno del crepúsculo]

Recortados, superpuestos,

cuando la mirada se cuelga

y se licúa desde la ventana,

brotan oscuros y sobre ellos

otras como luces

en su presencia concreta,

bajo un celeste de fuego

pálido, y unas nubes largas

y flacas por brasas

que laten y se apagan

hasta quedar grises

y después negras,

hasta que el negro naciente

se gane el cielo

de donde brotarán otras.

Se da, así, testimonio del surgimiento irradiante del poema, un sol que se ahoga en sangre de su nacimiento, que abreva en esa umbrosa luminiscencia. El otoño circular es la cifra de oro de ese silencio triste que invade siempre la hora más oscura, aquella en que la ciudad se recorta del cielo encandilada por enormes espejos opacos. La escritura de Tomás ilumina de puentes el abismo, sus poemas se tienden de sí para unir distancias irreconciliables como la que existe entre el día y la noche, o entre la palabra y el silencio. Se trata de un trabajo vespertino en música de ramas que quiebran por contraste la inexorable placidez de volver a despertar en nada. La mirada trasluciente abre los sonidos del ocaso, busca en sus entrañas los signos de una lengua desconocida con la que poder asumirse. Y de pronto ya hay un puente hacia algún lugar insospechado, plagando la memoria de un recuerdo sin tiempo aproximado. Quien da testimonio no sabe si se le irá la vida en ello, busca ser parte de esa unión que sigue al pensamiento cuando éste ha quedado atrás: «y apenas hacia el norte las luces del puente/ bajo el que pasáramos triunfantes…/ Y ahora allá enfrente una lucecita/ tenue, en la isla, titila y fantasma», rezan los versos de «Travesía». Me hacen acordar a aquellos de Mak Dizdar: «Sanjah/ da ću jednom/ izgraditi/ most do sunca… [Soñé/ que alguna vez/ construiría/ un puente/ hasta el sol]». El otoño circular reclama sangre en el recuerdo; el poema entonces acontece, gesta de luces y sombras aturdidas de inmensidad, «entre balcones encendidos». El poemario empieza y no culmina, se lee una y otra vez en ese tiempo espinoso de un otoño que logra colmarlo todo. Tanto «Concesión» como «Alegoría», respectivamente el primer y último poema del libro, quedan suspendidos hacia el infinito del lector que los encuentre: «Lo último», se nos advierte, «es la consumación…». He ahí el instante en que adviene el otoño circular, «su morir detenido» en la mirada crispada por «el sentimiento más lúcido que nos es dado vivir». Es el modo que tienen las cosas para atestiguar de sí ante su huída o su aniquilación. Abismado y fiel, el poema queda ya tendido entre la casa vacía y el universo pletórico. El poema es el ojo del que brota la luz de la mirada y ciega de gracia se derrama…

[Ese tordo que pasa siempre al filo de la mirada]

Viene a caer así de la nada

cualquier día, eso, indescifrable,

¿un sentimiento? ¿una idea?

No sé, pero se materializa en la fantasía,

en la mera fantasía del recuerdo

o de ponerme los zapatos de los últimos días,

y tal vez apenas se proyecte

sobre lo que dura un conjunto de acciones

denominado unidad: lavar la ropa,

preparar los mates… y se va,

pero queda como el brillo del sol tras el cielo cubierto

el resto del día.

Pablo Serr

Noviembre 2015, Rosario

Presentación del libro “Rubias teñidas” de Claudio Iglesias en la ciudad de Buenos Aires.

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Presentación del libro “Rubias teñidas” de Claudio Iglesias el 24 de noviembre en la Fundación Federico Jorge Klemm en la ciudad de Buenos Aires.
Con la presencia de Marisa Rubio, la editora y numeroso público; Laura Códega y el autor resaltaron las coincidencias entre la muestra “Retratos” Mildred Burton – Laura Códega y el libro, en el que también a espejo, aparecían Federico Klemm y Marisa Rubio. Posteriormente se proyectó un video de una performance de Federico Klemm y Mildred Burton.

Presentación del libro “El otoño circular” de Tomás Sufotinsky.

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El jueves 19 de noviembre se presentó en el Bar Literario “OUI”  de la ciudad de Rosario el libro de poesías El otoño circular de Tomás Sufotinsky.  La editora explicó los fundamentos por los cuales la obra fue seleccionada de la Convocatoria Editorial 2015 – Poesía de Baltasara Editora. Seguidamente, el poeta Pablo Serr brindó un brillante análisis de la obra leyendo algunos poemas. Tomás Sufotinsky cerró la presentación con la lectura de otros poemas de su libro.

Presentación del libro “Cotidiano” de Mariana Travacio en la ciudad de Buenos Aires. Palabras de la autora.

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Palabras de Mariana Travacio en oportunidad de la presentación de su libro Cotidiano:

“Buenas noches, gracias a todos por venir, me siento tremendamente bien acompañada.

Hoy no tengo muchas ganas de hablar. Ni de leer. Se me ocurrió que podía subsanar esa desgana leyéndoles unos párrafos hechos de silencios que lo dijeran todo.

Así, pasaríamos del silencio de un párrafo al silencio del siguiente y al cabo de unos minutos daríamos por concluida la lectura de ese hipotético texto que pudo decirlo todo.

Pero sabemos que decirlo todo no es posible. Hay restos. Hay eso que puede rozarse, bordearse, rodearse de palabras, o de silencios, pero no más que eso.

Ese es el problema de la escritura. De toda escritura. Lo que sólo baja al papel como mero remedo.

Cada día, o cada noche, cuando me siento a escribir, pienso en esto. Pienso en la imposibilidad misma de la escritura, y en los empecinados esfuerzos que hacemos aún sabiendo que no es posible.

Marguerite Duras lo decía abiertamente:

Escribir.

No puedo.

Nadie puede.

Hay que decirlo: no se puede.

Y se escribe.

Y se escribe, decía. Como si dijera: Y sin embargo, se escribe.

Pienso a menudo en esto y suelo acordarme entonces de Bolaño, cuando le aconsejaba a los cuentistas que nunca escribieran los cuentos de uno en uno, porque, decía Bolaño: “si uno escribe los cuentos de uno en uno, uno corre el riesgo de escribir el mismo cuento hasta el día de su muerte”.

Y me parece que Bolaño tenía razón: tengo toda la impresión de que una buena parte de los escritores que conozco se ha pasado la vida escribiendo la misma cosa, una y mil veces, como si se volviera a empezar cada vez, y se tropezara uno con la misma piedra y, en el fondo, volviéramos a esa misma cosa que nunca terminamos de decir.

Y cuando pienso en esto, me acuerdo de Cantabria y de su cueva de Altamira y de los hombres que entonces, hace treinta y cinco mil años, quisieron pintar algo en esa cueva y acabaron inventando el arte rupestre.

No dejo de asombrarme con esto: Hubo un tiempo, entre fines del Paleolítico y principios de Neolítico, de hombres sin escritura que, sin embargo, escribieron: grabaron, pintaron. Sobre piedras, dijeron.

Y vuelvo entonces, cada día, o cada noche, a Marguerite Duras, y le contesto: Sí, Marguerite, se escribe. Tengo toda la impresión de que llevamos unos treinta y cinco mil años tratando de decir algo. En este sentido, todo texto, toda escritura, no deja de ser una mera aproximación a la pintura rupestre. En todo caso, cuando se vuelve libro, esa pintura se ofrenda a los ojos del otro, como si esos ojos fueran, más que la promesa, la posibilidad misma de un sentido. Después de todo, como decía Pascal Guignard, leer es buscar con la vista a través de los siglos la única flecha lanzada desde el fondo de los tiempos.

Y tanto palabrerío para venir a decirles que yo les agradezco mucho por estar hoy acá, acompañándome. Creo que ha llegado el momento del brindis, pero antes de eso, y con esto termino, quiero pronunciar unas mínimas palabras de agradecimiento en forma pública:

Quiero agradecer a Liliana Ruiz, de Baltasara Editora, porque fue un lujo editar este libro con ella, y porque Cotidiano se volvió libro por ella, y porque además, me llena de alegría que una editorial de Rosario, de mi tierra natal, esa tierra donde fabricábamos collares con las bolitas del paraíso en la siesta interminable, sea la editora de mi primer libro de cuentos. Infinitas gracias, querida Liliana.

Quiero también agradecer a mi maestro, que lo tengo acá a mi lado, a José María Brindisi, por la enorme paciencia con que me ha leído y me sigue leyendo, y porque ha sido y sigue siendo para mí un enorme honor contar con su mirada. Infinitas gracias, querido José.

Agradezco también:

A Susana Albanese, por el aliento constante.

A Silvia Amigo, porque abre puertas y las dejas todas abiertas y se vuelve imposible no mirar.

A Karina Didia, a Daniela Fortis, a María José González y a Silvia Caporaso, porque fueron mis primeras, incansables, lectoras.

A Ariel Dilon, por su infinito amor a las letras y porque tiene el don de contagiarlo.

A Carlos Busqued, por las horas de fecundo desvarío en la Fundación TEM.

A David Oubiña, a Adriana Amante y a Luis Chitarroni, porque me recordaron cómo leer.

A Marisol Alonso, por su mirada aguda, tan linda, en nuestros cafés Havanna.

A mis compañeros de taller, por las horas de escucharnos, por sus valiosas lecturas y porque, para mí, es una fiesta tenerlos.

A mis compañeros de maestría, porque es tanto más lindo este camino desde que lo caminamos juntos.

A mis queridas Paula Tomassoni, Flavia Pantanelli y Sandra Buenaventura, porque no es lo mismo mi día a día sin ellas.

A mis queridos amigos, los entrañables, los de toda la vida, por acompañarme. Siempre.

A mi esposo y a mis tres hijos, por las horas de esposa y de madre que les vengo robando y que ellos, sin embargo, saben disimular con tanto amor, con tanta convicción.

Muchas gracias”.

Mariana Travacio