Presentación del libro “Cita en la espesura” de Liliana Díaz Mindurry.

El martes 4 de octubre a las 19:00 hs. se presentará en Café Montserrat, de calle San José 524 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el libro Cita en la espesura de Liliana Díaz Mindurry. La autora estará acompañada en la oportunidad por la editora del libro Liliana Ruiz. La presentación y entrevista estará a cargo de Gabriel Guralnik. Participarán especialmente: Soledad San Emeterio, Candelaria Frías y Eugenio Polisky.

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“Sommelier de infiernos” de Cristian Acevedo.

“En los cuentos de Sommelier de infiernos se abordan situaciones reales como una entrevista de trabajo, una visita familiar, una niña que acumula mentiras, y tantas otras más, que se van transformando en desconcertantes y terroríficas. Con una prosa despojada de todo artificio el autor nos introduce en un mundo imaginario del cual es difícil salir.

“A lo de la abu Noelia no voy más. Y no porrque sea el lugar más aburrido del mundo: sin tele, sin compu, sin juegos de mesa. Ni muñecas, ni nada de nada. No, a todo eso ya me acostumbré. Si hasta dormir la siesta ya no me parece tan raro como las primeras veces”.  Así comienza “Última visita” y sólo al leer los párrafos finales entenderemos el porqué de la negación del comienzo, aunque nos llame la atención una erre propia de un error de tipeo.

 

“Con un humor sutil y elegante, Cristian Acevedo escribe cuentos de terror que subvierten el género, que lo mejoran. Una buena obra de un autor que vale la pena tener en cuenta”.

Fabián Martínez Siccardi

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“Cita en la espesura” de Liliana Díaz Mindurry.

En el prólogo de la novela Cita  en la espesura de Liliana Díaz Mindurry, escribe Gabriel Guralnik:

“Hay un cuadro que representa el mismo salón donde está colgado, en forma exacta, con todos sus detalles. Refleja todo, menos la imagen de quien está sentado en el centro del salón y se busca, inútilmente, en el cuadro. Como el mapa de un tesoro donde todo pareciera estar señalado, menos el tesoro. Ese extrañamiento es, en sí mismo, el primer indicio del tesoro.

Pilar llega a la casa de Silvio y no parece estar buscando un tesoro. A menos que el límite entre lo geométrico y lo amorfo, el agua clara y el barro, la cordura y la locura, sea un tesoro. Marcos, el ausente, está todo el tiempo con ellos. El juego de triángulos se reproduce en cada pasaje del relato, como si el relato mismo dibujara los ángulos. Los colores –rojo, negro, dorado- los libros que son colores –Agustín, Platón, Kierkegaard- el infinito que son libros que son colores –biblioteca, acuario, barro- dibujan también un cuadro, donde quien se escurre del dibujo no es ya Pilar, sino el deseo mismo.

Las imágenes triangulares se entrelazan unas en otras, unas con otras, a través de un plano donde el bien y el mal también se entrelazan. La segunda persona del singular interpela al protagonista, pero también al lector. El contrapunto del diálogo, cuando aparece en segunda persona, golpea al lector, aunque vaya dirigido al protagonista. El ritmo del relato, vibrante, con cambios de velocidad precisos, obliga a no despegar los ojos del texto hasta el final.

Y es que el misterio atraviesa la novela hasta el último párrafo. ¿Quiénes son Pilar, Silvio y Marcos? ¿Quién disparó los tres tiros? ¿Quién arrastró a quién hacia el homicidio? En la intriga los personajes van formando un dibujo donde lo triangular se vuelve una ordalía de vértices opuestos. La violencia es la paz, la geometría es el caos, el grito es el vacío. La familia de Pilar también parece estar allí, con ella y Silvio, dando cuenta de una historia, de una trama que no pertenece a quien la vive. La defensa inútil del boxeador vencido, el saber vacío de la bióloga autoritaria, la espesura como última barrera de protección frente al miedo, frente a lo indecible.

Pero también como parte de lo indecible. Porque la espesura es el abismo indistinto del que nacen las palabras. Es el agua y son las palabras y es el silencio y es el barro. Es el juego de opuestos que se funden y es el espacio entre los lados del triángulo. En esa realidad que se ablanda, que se contamina de palabras, Pilar busca un recuerdo acaso fundamental, que por alguna razón olvidó. Y lo busca con Silvio, o a pesar de Silvio, o contra Silvio. Las imágenes cambian su orden, y en cada permutación revelan algo nuevo. Marcos, el ausente, se insinúa como el operador de la permutación.

Hay narraciones que son como el mapa de un tesoro, donde cada detalle está señalando ese tesoro que se anuncia desde el inicio mismo de la historia. En otras, más sutiles, no hay flechas indicando burdamente dónde se encuentra lo que se busca. El plano muestra todo, menos el tesoro. Se genera entonces una búsqueda, un recorrido que obliga al lector a seguir, a crear con la lectura, y el tesoro aparece en los rincones menos pensados del plano. Porque el plano es el tesoro. Quien logra crear ese relato, es algo más que un escritor. Algo más, acaso, que un poeta. Muy pocos narradores, de tanto en tanto, lo consiguen. Liliana Díaz Mindurry lo consigue siempre”.

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Cristian Acevedo

Cristian Acevedo, nació en Buenos Aires, 1979. Es miembro de La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía.

Parte de su obra literaria ha sido premiada en diversos certámenes:

Segundo premio en el Décimo Concurso de Cuentos de la Fundación Victoria Ocampo, “Nelly Arrieta de Blaquier 2014”. Primer Premio en el Gonzalo Rojas Pizarro de Cuento (2013). Finalista del Premio de Cuento Itaú (2012).

En 2014 publicó Canibalísmico, su primer libro de cuentos, bajo el sello Expreso Nova Ediciones.

En 2015, la editorial Letras Cascabeleras (España) publicó su segunda antología: Indignatarios.

También ha publicado sus relatos en distintas revistas culturales y antologías.

Su obra Sommelier de infiernos fue ganadora de la Convocatoria Editorial 2016 – Cuento de Baltasara Editora.

 Actualmente vive en Tortuguitas, desde donde escribe.

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Liliana Díaz Mindurry

Liliana Díaz Mindurry nació en  Buenos Aires. Es abogada. Obtuvo en narrativa el 1er. Premio Municipal de Buenos Aires en cuentos editados Bienio 90-91 por el libro  La estancia del sur, el Primer Premio Municipal de Córdoba por el mismo libro, el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes 1993 por la novela Lo extraño, Premio Centro Cultural de México en cuento 1993, Premio El Espectador de Bogotá en cuento 1994, ambos en el concurso Juan Rulfo de París, el 1º Premio Jiménez Campaña de Granada,  obtuvo el Premio Planeta Biblioteca del Sur 1998 por la novela Pequeña música nocturna (traducida al alemán por VGS Köln, 2000 como Nachtmelodie, reeditada por Huso, Madrid, en 2016), entre otros premios. Tiene 22 libros publicados, entre ellos las novelas La resurrección de Zagreus, A cierta hora, Lo indecible, Lo extraño, Summertime, Hace miedo aquí, El que lee mis palabras está inventándolas, Perro ladrando a la luna y los libros de ensayo La voz múltiple y La maldición de la literatura. Algunos de sus libros de cuentos son: Buenos Aires ciudad de la magia y de la muerte, La estancia del Sur, En el fin de las palabras, Retratos de infelices, Ultimo tango en Malos Ayres. En poesía publicó Sinfonía en llamas, Paraíso en tinieblas, Wonderland, Resplandor final, Cazadores en la nieve (traducido recientemente por Reflet de Lettres Éditions, París, 2016); obtuvo el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Subsidio de Antorchas, el 1er.Premio Embajada de Grecia, el 1er.Premio First, etc. Varios de sus poemas fueron publicados en Colombia, Austria, EEUU y otros países. Su obra fue traducida al alemán, francés e inglés. El cuento Onetti a las seis fue llevado a la escena teatral por Hernán Bustos junto con Un sueño realizado de J. C. Onetti. Realizó el postfacio de las obras completas de Onetti en la Editorial Galaxia Gutenberg de España y ha escrito numerosos ensayos sobre su obra. Coordina talleres literarios desde 1984.

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Foto: Mayda Bustamante

“Anestesia” de Sebastián Bassano.

La poeta y narradora Carolina Musa escribe en la contratapa del libro de cuentos “Anestesia” de Sebastián Bassano:

Una pareja que cuida a un hornero herido, un hombre que no encuentra las partes de su cuerpo, un niño que mata a un pájaro queriendo o sin querer, un anciano al pie de la escalera, un calígrafo que inventa títulos para una mujer, un expedicionario probando diversos ritos fúnebres…los personajes de Sebastián Bassano se mueven en atmósferas raras y hablan cual torrentes en los doce cuentos que componen Anestesia.

“Me gusta escribir como pasatiempo. O sea, para que pase el tiempo, literalmente, para que fluya a los desagües de la memoria” afirma Bassano en “El calígrafo” y este desaguadero de la memoria funciona como estrategia de un narrador obsesivo, “atento a todo”, que pivotea entre la realidad, la fantasía y el delirio.

A través de una prosa que discurre delicada y sobria, en un conjunto tan variado como equilibrado en relación a técnicas formales, donde irrumpen toda clase de elementos fantásticos, Bassano juega con la estructura clásica de este género. Mientras desliza el eje del final sorpresivo, los cuentos decantan hacia un ligero estupor, más al modo del realismo; como si el narrador, cansado ya, decidiera de pronto hacer otra cosa.

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