FERIA DE EDITORIALES ROSARINAS JUNIO 2017.

FER JUNIO

Sábado 10 de junio de 10 a 15 hs. se realiza la tradicional FER en Plaza Pringles. Las editoriales independientes de Rosario mostrarán toda su producción.

Habrá lecturas de las novedades editoriales a partir de las 11 hs.

Lecturas feria

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70° Aniversario de la llegada del poeta español León Felipe a Rosario.

Un 4 de junio de 1947 arribó por primera vez a Rosario el poeta español, exiliado en México, León Felipe. Los principales diarios de la ciudad anunciaron y siguieron las conferencias del poeta. Irma Peirano, Fausto Hernández, Beatriz Vallejos y Felipe Aldana fueron algunos de los poetas que dejaron testimonio de la visita.

El poeta retornaría a la ciudad el año siguiente para dictar nuevas conferencias. En ambas ocasiones el librero y editor Laudelino Ruiz fue el organizador de las visitas.

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El poeta español León Felipe firma sus libros en Librería y editorial Ruiz en ocasión de su visita a Rosario. Sentado a la derecha del poeta, Felipe Aldana. De pie Beatriz Vallejos con uno de sus hijos, y a su lado, el librero y editor Laudelino Ruiz.

“La tierra firme” de Matías Aimino.

     Lo primero que llama la atención al comenzar a leer La tierra firme es la limpidez del lenguaje, luego atrae el tono de esa voz que parece ser cómplice de nuestros ojos lectores, y enseguida se percibe la sólida construcción de un universo del que es difícil salir. Ya en un libro anterior, Archivos de Altazar, Aimino había trazado con notable solvencia los márgenes de esta clase de universos. Algo tienen estas dos novelas en común, lo que sin duda habla de la edificación de un estilo y el hallazgo de una voz personal, y tal vez también de la capacidad de envolvernos con el entramado de una historia que nos hace partícipes de este sugestivo modo de narrar. La seducción del lenguaje se apoya en el despojamiento y la palabra justa, un lenguaje que juega discretamente empleando anacronismos que nos ligan al tiempo en el que se desarrolla la historia, en la que no faltan barcos, hombres de mar y otros personajes de envergadura, milagros inesperados, transgresiones al orden social, abolengos y un final donde la tortura inquisitorial bucea con talento en la condición humana llevándonos casi al nivel del estremecimiento.

     En esta novela ambientada en el siglo XVI, con tramos de intenso lirismo que sin embargo no le restan efectividad al devenir de los hechos, donde puede rastrearse la tradición literaria de Libertad Demitrópulos y Antonio Di Benedetto, los personajes de Juanfuegos Uztáriz , su hijo Hernando de la Sienra, escribano y poeta, y finalmente su nieto de sangre india: Kebayaikin, van sosteniendo sucesivamente una trama tensa, con economía de recursos, en la que se destaca una cuidadosa reconstrucción de época. Sin embargo, por la revalorización de vocablos, modismos y arcaicos usos gramaticales, el registro de tres idiomas diferentes: latín, español y abipón, quizá no sería desacertado afirmar que es el lenguaje el hilo fundamental de la historia donde el valor de la palabra sella con peso propio una cultura que apenas trazó sus primeras marcas sobre la naturaleza.

Irma Verolín

Publi TAPAS Tierra firmeRed

Matías Aimino

Nació en Rafaela, provincia de Santa Fe, en 1976. Es arquitecto, docente universitario y escritor.

Publicó los libros Agón (2007), Versiones de la tan sombra (2009, en coautoría con Santiago Alassia y Franco Rosso) y Archivos de Altazar (2015). Su obra de teatro La fianza fue presentada por el grupo Alas (2007). Además, participó en varias antologías literarias, coordinó talleres de escritura y actuó como jurado en diversos certámenes. Fue miembro fundador del grupo de escritores Prima Liter (2002-2010) y actualmente integra la comisión directiva de ERA (Escritores Rafaelinos Agrupados). Entre otras distinciones, obtuvo el premio del Fondo Editorial Municipal de Rafaela (2014).

Su obra La tierra firme resultó ganadora de la 1° Convocatoria Editorial 2017 – Novela histórica de Baltasara Editora.

Foto del autor (recortada)

Presentación del libro de poesías “La curva de Ebbinghaus” de Carolina Musa el 27 de mayo de 2016.

PRESENTACIÓN CARO POESÍA

Un 27 de mayo de 2016 se presentó el libro de poesías La curva de Ebbinghaus de Carolina Musa. El escritor y periodista Osvaldo Aguirre entrevistó a la poeta y narradora en vivo dando origen a un interesante diálogo. El evento finalizó con la lectura de varios poemas del libro de los cuales transcribimos “El legado”.

El legado

Recuento a mis parientes

de éste y el otro lado del mundo

hablando un idioma que apenas balbuceo

leyendo del revés.

Lo hago sin el menor interés mesiánico

como un mecánico de la historia familiar

o un relojero,

bah no sé.

A mi Téte Nadua

la metieron en un barco

a los 16, cruzó tres mares y un océano

para casarse con un desconocido

que le llevaba casi 20 años.

En el puerto de Buenos Aires

mi abuelo José tuvo que subir a bordo

porque ella era menor de edad

y el capitán consagró el matrimonio

sobre el río de la Plata.

Ella bajó casada.

En la versión oficial

mi Téte Nadua

vivió una vida feliz.

Recuento: cuatro hijos, quince nietos, una parra

una ferretería y el marido ejemplar, bah

no sé.

(Atención: abstenerse de juzgar a los muertos

basándose en hechos intervenidos

por otras memorias y/o pistas incompletas

fuera de su contexto)

Mejor entrar por un lugar

éticamente intachable: El tío Tufic

de visita en Orán.

Mi papá nos va presentando

en su árabe chapucero

Veronique suena medio francés

Cárolain inglés

y Ángel no le suena al pariente

sirio, hermanastro menor de la Téte

el tío Tufic no entiende la palabra ángel

las señas ridículas de mi papá

–Avión –dice el tío Tufic y todos

nos reímos mal,

a carcajadas. Mi papá

recupera un poco la compostura

rebusca en su diccionario español-árabe

hasta dar con los garabatos de “ángel”

y el tío no puede creer

que el chico tenga ese nombre

absurdo, bah.

Mi abuelo José era el único inmigrante

de la colectividad sirio libanesa de Orán

que sabía leer y escribir.

Escribía las cartas de toda la colectividad y lo imagino

con su rectitud inventando unas líneas,

bah no sé, una vez, en una reunión familiar,

los primos formamos una fila delante del sillón

y recibimos plata.

Mi abuelo José cruzó medio mundo hasta llegar a Orán.

¿Pasaste por París?

Sí.

¿Pasaste por Río de Janeiro?

Sí.

¿Pasaste por Buenos Aires?

Sí.

¿Pasaste por Córdoba y por Santa Fe?

Sí.

¿Pasaste por Tucumán, por Salta y por Jujuy?

Sí.

¿¡Y porqué te quedaste en este pueblo de mierda!?

(Que yo sepa, la pregunta de ese niño que fue mi tío

nunca tuvo una respuesta)

Nosotros éramos los primos rubios

árabe con vasco francés salimos así, pero

al parecer eso generaba cierto recelo

no nos consideraban muy dignos del legado ancestral

mi hermano pequeño tenía el pelo amarillo

y los ojos azules, como un marciano,

mi mamá había ido a la universidad

y siempre fue una extranjera.

Para muestra baste un botón: la Téte Nadua

no probaba bocado cuando venía a nuestros cumpleaños

cinco veces al año, vivía a cinco cuadras

bah, no sé.

Mi hermana y yo

hicimos un tímido intento de aprender árabe

con la Súsu, que venía del Pago.

Las clases eran en la sociedad sirio libanesa

y los alumnos desparejos, varias señoras

convencidas de la supremacía racial de sus maridos e hijos.

Aprendimos a decir batenyen

que es berenjena

las letras alef be te ce

los números hana, harba, site, tmene, tsá, áchara.

Marhaba por Hola.

Shucran por Gracias.

Hal turid cájua por ¿Querés un café?

y varias estrofas del himno al Líbano

Kuluná lilwatán lila ulá lila alám

aunque los presentes descendíamos de sirios

para el caso era lo mismo, supongo,

y eso fue todo:

a la tercera generación de inmigrantes

de la lengua ancestral sólo nos llegaron los insultos

Yarmuta por puta, tis por culo, jara por mierda

úcha por dejáme de romper las pelotas.

Y las comidas: mélle

kupi, tabuli, baclawa, humus.

60 años después de saludar en el puerto de Damasco

la Téte Nadua volvió a Mohardi

por única vez en su vida.
Una parte de los preparativos fue reunir a la familia

para filmar un video que ella llevaría a los parientes.

Supongo que los adultos querían mostrar cierta abundancia

querían que los niños nos viéramos felices y sanos.

Yo habré tenido 13 años

mirábamos la cámara sin saber qué decir

“ríanse” ordenaba el camarógrafo

“dale un beso al abuelo” y yo lo hacía

“parezcan naturales” la instrucción paradójica esquizoide.

Al domingo siguiente nos reunimos a ver las imágenes:

mis tías eran dos tótems de la isla de Pascua

y al abuelo Dardo se le caían los dientes.

Cuando la Téte volvió

dijo que uno de los sobrinos quiso casarse conmigo

con sólo verme en la pantalla…

A todos les pareció muy cómico, a mí

me pasó el filo de un cuchillo por la espalda

vendida vuelta al pago cosechemos patatas

forniquemos para procrear qué horror

bah no sé, eso ya es presunción,

qué diablos.