Tres poemas del libro SERMÓN DEL TIEMPO de Santiago Hernández Aparicio.

La casa de la infancia

Sin tema, sin motivo resuena la armonía

del afuera, mas qué dolor causa en mi oído.

Una ventana abierta, retrato hacia el vacío,

camufla en el living su don de extranjería.

Por la puerta entornada se asoma una visita,

será el ángel que viene a anunciar que he nacido.

Falto de cortesía, por el fulgor cohibido,

saludo a la estrella en son de despedida.

Así comienzo, muerto, una fiera suspendida.

Siendo deseable Uno, yo soy dos, o soy nadie

–el mal león de circo, león que no camina

sino en círculos torpes–. Mas, aunque espectrales,

escucho a veces ecos de una melodía:

es el canto nupcial en la casa de mi padre.

A Septiembre

Ya no quiero tender redes

sobre santos en éxtasis:

la piedra sola se basta

silente de boca en boca

y siempre hiende el vuelo

de esas palomas nocturnas

que nadie puede abrazar.

¿Quién colocó

una rosa desbordada

en el núcleo de la luz?

Un encierro transparente

Paisaje, hipótesis que vendrá

a refutar el tiempo, ese fantasma

que pliega el plano austero

de la visión de un hombre

en los mil mundos

en la retina de un ángel?

Sin flor, sin libro, sin tordo ni luz,

como un número en el vacío

me entristezco esta tarde de octubre.

En el patio, revolotea un pichón –¿herido?–

sobre la negrura del humus.

Amor, ayudáme a llorar con el ángel de la hora.

Santiago Hernández Aparicio

Dos poemas del libro SÓPOLA TEMPRAR de Fabián O. Iriarte.

El aljibe

El movimiento produce el tiempo.

Si me quedo quieto, detengo el tiempo.

El agua se ha quedado quieta.

No escucho su rumor.

O quizás ya no está.

Charla sobre la flecha contrapuesta

Quisiera ir a la montaña, subir a la cumbre más alta de este continente y empezar a excavar, excavar, excavar hasta llegar a lo más profundo. Siempre pensamos en una sola dirección. Siempre comienza en lo alto, para ir hacia abajo. Siempre pensamos en el símbolo, y creemos que su valor depende de nuestros movimientos. Siempre más es el volumen y la materia, siempre menos la voluta y el viento.

Quisiera desenterrar el cuerpo deshecho, los restos de huesos del hombre, la mujer, el niño más antiguo.

Quisiera pedirle que cante, oír la voz primera de los que estaban aquí.

Un poema del libro EL HEMISFERIO DEL LADO EN QUE QUEDAMOS de Ana Claudia Díaz.

ciénagas de selva

interceptan mi noche

se apoderan del caos

antes que el destino

danzan entre el musgo

que me apelmaza el sueño

se enredan entre las malezas

siembran el mar con una especie de alpiste

para que por la mañana los cormoranes se posen ahí

haciendo un camino ondular de margaritas

para que cuando se sequen

las pueda deshojar la posibilidad

rondas, noche tras noche

construyen mi nudo nido

en acantilados o bosques

buscan el agua dulce

que tarda en llegar

o la orilla donde convertirme en un cisne

o en un jacinto de agua para poder flotar

costa adentro

un cuerpo muelle

un hemisferio

quizás sea un estanque mi mar abierto, no lo sé

la sensación del agua es siempre la misma

hay un río cerca, lo descifro

en la vegetación que me abunda

las ciénagas me envuelven en su canto

escucho que me hablan

son como cuervos marinos de voces fieles

hacen eco de la imagen en mi interior

como espejitos rojos titilando, como rubíes de mi yo

no sé en qué fragmento de mi velocidad hay un estuario

pero lo encuentro siempre a deshoras en el sueño

como una especie de paraíso que tarda en llegar

Ana Claudia Díaz

Poemas y fotografías del libro CON EL AMOR NO ALCANZA de Maia Morosano y Maximiliano Conforti.

4

Nos regalé el lujo

de una cama kingsize.

En caricias por los jardines

arriesgamos la vida

frente a los crotos.

Después de la travesía

descansamos

bajo árboles y pájaros.

Me preguntó

a qué tenía miedo

a que no seamos pensé.

Nos reímos mirando

más allá del río

dos reinas desnudas en el ventanal.

Maia Morosano

Foto: Maximiliano Conforti

13

Las principales estrellas van

hacia la constelación de Sagitario.

Mamá nació en diciembre, de chica

me llevaba a la calesita.

Cuando iba con ella me subía a la osa.

Papá me enseñó a ver las estrellas,

en el cielo las que estaban, en los libros

las que no se veían. Supe por la enciclopedia

que la Osa Mayor es un carro.

Tengo ese tatuaje en la espalda.

Cuando nos montábamos en la cama

mi espalda incendiaba. Poníamos música.

Yo era chiquita antes de beber una flor, un sahumerio,

Otis de fondo cantando.

Yo era chiquita como quien espera ser grande

para poder volver a ser pequeña

llenos de caramelo los cachetes

buscando la sortija sobre el lomo de una osa.

Volverán mis besos

porque los que tengo acá

no son y si son, así

no eran.

Sabrá de todas las cosas

que hicimos a medias

en silenciosa compañía.

Maia Morosano

Foto: Maximiliano Conforti

Lo que nos falta o lo que nos sobra

Leandro Gabilondo

Ni bien supe que Morosano y Conforti le iban a dar mecha a este proyecto me conmoví. Y a mí, de forma inevitable, lo que me conmueve me conduce. De inmediato se me vino a la cabeza, y al corazón, las primeras líneas de Niveles de vida, novela de Julián Barnes:

“Juntás dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierta en el momento, pero no importa. El mundo ha cambiado, no obstante”.

Es que sí, con la obra de Conforti y Morosano el mundo cambió de cuajo. La inercia de la revolución se expande sobre las sábanas blancas, mientras los rayos de sol que entran por la persiana fulminan la incertidumbre, aunque sea durante la tarde. Y qué importa qué revolución, si lo que nos late es la urgencia de la náusea. Con el amor no alcanza es un libro bellísimo y tiene una contundencia que nos sacude, nos saca de la velocidad que nos exigen y nos ubica en la mansedumbre invisible que nos rodea. El agua quieta de cada foto arrastra el corazón hirviendo de los versos, y así avanza por el Paraná como los camalotes que se tambalean al lado de los barcos. En su periplo, al corazón prendido fuego se le adosan magias de la correntada, se genera un planeta rosarino que se ve desde cualquier estrella, y el reflejo de las chapitas de cerveza rebota contra la luz de luna, y la noche es un almohadón para abrazar lo que no está, o quizás, lo que sí está, pero nunca terminamos de saber si es lo que nos falta o lo que nos sobra.

Foto portada: Maximiliano Conforti

Tres poemas de PEQUEÑAS CASAS de Federico Tinivella.

En el patio lunar

se aquietan los lagartos

bajo el sopor de la sobremesa.

Distintos son los vasos

que caen al suelo

ácidos en su costura

de vino barato.

Vos venías de un largo viaje

te sentaste en el banquito verde

que usabas para trepar a la alacena

y viste que todo seguía igual.

Yo estaba cerca de la huerta

asustando al espantapájaros

y te vi llorar como a un nene.

En ese momento supe

el significado

de la palabra territorio.

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Las cicatrices del invierno recorren la espalda como la sombra descuidada de un perro contra un muro. Trepé a la boca de los puentes donde el horizonte era un lago abierto al vuelo rasante de una primavera de pájaros. En los ojos se proyectaban imágenes recorridas a pie por un niño que tropezaba en un cuarto minado de autitos sin piloto.

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Los perros volcaban su aliento

en el espacio tajeado

vos arrojabas cajitas de música

para encender la calle.

Empezaba el verano

los tilos te daban agua en la boca

en el patio nos acariciaba el brillo de los vasos

y el aletear de un perro

que amaba la sombra.


Feria de editoriales del 28º Festival Internacional de Poesía de Rosario, 17 al 22 de noviembre de 2020.

El 28º FIPR comenzó hoy en versión virtual. La tradicional Feria de Editoriales del Festival también es virtual. Cin poetas publicados por Baltasara Editora están presentes en la curaduría, residencias y homenajes del que se llevan a cabo. Felicitamos a Caro Musa, Gabby De Cicco, Cristian Molina, Analía Giordanino y Maia Morosano por su participación.

Comunicaremos en los próximos días promociones interesantes de nuestra Colección Poesía.

A disfrutar del 28º FIPR!!!

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“Nunca hay suficiente mar” de Loreley EL Jaber.

De frente al frente: una mirada valiente recorre el ahora inmerso en la historia legada. Ella mujer, amante y amada, hija y madre: una estirpe inmigrante y azorada ante una vida que no sé, afirma en la duda y desde ahí despliega este libro filoso. Con mesura, que no es recato: la voz  poética se contiene porque sabe su potencia y los conjuros que puede convocar. Como el mar, el universo es brutal. La potencia impulsa estos versos ante el esfuerzo de recuperar la historia familiar y proyectarla hacia adelante. Una constelación de parentescos brilla en ese cuchillo que se clava a la tierra con fiereza para que el gesto encarne todo el poder de la palabra.

Desde la grieta que marca una casa, ese lazo que no deja de envolver lavoz empodera la posibilidad y una madre le murmura a sus hijos: la calma es mi abrazo y mi abrazo /el orden del mundo. Este intenso libro es tan poderoso como la silueta de Loreley frente al mar y viene a recordarnos que, a pesar de las furias oceánicas que nos signan, vale la pena meterse en estos tsunamis del poema y de los días porque, como ella bien dice: nunca hay suficiente mar.

Andi Nachon

Fotos tapa e interior libro: Araz Hadjian

EL ÚLTIMO FALCON SOBRE LA TIERRA, novela de Juan Ignacio Pisano, es la ganadora del Premio Medifé Filba.

El jurado del Premio Fundación Medifé Filba integrado por el editor Luis Chitarroni, la ensayista Beatriz Sarlo y la escritora Eugenia Almeida, decidió otorgar el premio a la novela El último Falcon sobre la tierra de Juan Ignacio Pisano publicada en el año 2019 por el sello rosarino Baltasara Editora.

Loreley EL Jaber

Nació en Buenos Aires en 1972. Es poeta y ensayista. Publicó La Playa (Viajera Editorial, 2010), La Espesura (Ediciones del Dock, 2016), Un barco (Ediciones Arroyo, 2020) y diversos poemas en las revistas Contratiempo (Chicago, 2007), Casquivana (Buenos Aires, 2012) y Sala Grumo (Buenos Aires/ Río de Janeiro, 2013 y 2015). Poemas suyos fueron traducidos al portugués. Es autora del relato “Acaso sea el río” (Revista Lírico, París, 2018).

Sus publicaciones incluyen también el libro de ensayo Un país malsano. La conquista del espacio en las crónicas del Río de la Plata (Beatriz Viterbo y UNR, 2011) y el volumen “Una patria literaria”, de la Historia crítica de la literatura argentina (Emecé, 2014), coordinado en colaboración, entre otros. Ha realizado la edición crítica de Derrotero y viaje a España y las Indias de Ulrico Schmidl (EDUNER, 2016).

Es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del Conicet. Se desempeña como profesora de Literatura Argentina I en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de Narrativa Latinoamericana II en la Carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes.

Foto: Pablo Cerolini

El Niño C

El Niño C a veces es Cristian Molina. Nació en Leones, pero la ruta 9 lo llevó a vivir en Rosario. Escribe, investiga y performatea literatura, con amor y deseo desde su infancia; no le importa demasiado si lo hace bien o no, pero sí no dejar jamás de hacerlo. Es docente de Literatura en la Facultad de Humanidades y Artes, de la UNR y reseñista en diversos espacios de publicación. Forma parte de diversas muestras de poesía y narrativa. Ha participado y organizado festivales y ciclos de poesía y literatura (y le encantan esos espacios de sociabilidad). Entre sus libros se encuentran: Blog (Tropofonía), Un pequeño mundo enfermo (La Bola Editora), Wachi book (Baltasara Editora), Sus bellos ojos que tanto odiaré(Caleta Olivia), Machos de campo (Baldíos en la Lengua), Tengo una tía policía (Ediciones Arroyo), Gerarda, la mutante (Libros Silvestres).

Foto: Maximiliano Conforti